Museo Guinness, la joya de Dublín

Museo Guinness, la joya de Dublín

El Museo Guinness es una de las joyas de Europa. Diariamente, se consumen en todo el mundo 10 millones de vasos de Guinness. La marca más famosa y mejor vendida del mercado de cervezas atrae con su exclusivo sabor a distintos targets de consumidores. En sus veinte variedades, esta cerveza negra se vendía sin ayuda de la publicidad hasta mediados de la década del ‘30. Más tarde su imagen de marca sufrió una revolución con la aparición del eslogan Guinness is good for you’ (‘Guinness es buena para ti’).

Guinness, la herencia irlandesa

La historia de Guinness está asociada a la misma constitución de Irlanda. En 1759, Arthur Guinness, un joven emprendedor de 34 años con experiencia en la fabricación de cerveza, decidió establecer su cervecería en St. James’ Gate, Dublín, donde ni el clima era el más amable, ni casi se podía competir la cerveza importada de Inglaterra. No obstante, Guinness tardé sólo ocho años en convertirse en un auténtico Maestro, máxima autoridad de la Corporación de Cerveceros de Dublín.

Cada año, más de un millón de turistas peregrinan a St. James’s Gate para visitar la Guinness Storehouse, una enorme pinta consagrada a un símbolo tan irlandés como el trébol de tres hojas, el hurling, etc. Hasta aquí nada nuevo, pero, ¿qué secretos se esconden tras los carteles de “área restringida”? Toca hablar de las siete plantas de este templo, el Museo Guinness.

Museo Guiness: La Guiness en el Guiness

En 1778, el pionero Guinness comenzó la producción de la cerveza negra, llamada por los irlandeses dark-brown beer, hecha a base de cebada tostada o porter (tal como fue popularizada posteriormente por los porters –conserjes– ingleses del Covent Garden de Londres). En 1799 Guinness abandonó la producción de la tradicional cerveza inglesa (ale) para dedicarse exclusivamente a la fabricación de porter: la popular cerveza negra. Todo ello, se puede observar el en Museo Guinness.

Las guerras napoleónicas y el desarrollo de las líneas de ferrocarril incrementaron la venta de la cerveza negra o extra stout porter, que luego fue conocida simplemente como stout (cerveza negra tirada) de Guinness, no sólo en Irlanda sino también en Inglaterra, donde se triplicaron las ventas.
Con la muerte del fundador en 1803, su hijo Benjamín Guinness se hizo cargo de la cervecería más grande de toda Irlanda y se adentró en la política, actividad que lo llevó a ocupar el cargo de ‘Lord Mayor de Dublín’.

Los hospitales de Dublín

Pero este gran negocio no se limitó a la fabricación de cerveza. Con Benjamín a la cabeza de la compañía, Guinness donó una suma de 150.000 libras para la remodelación de la Catedral de St. Patrick. Fue así como la relación entre la comunidad irlandesa y Guinness se fortaleció, principalmente por el interés de esta última en el desarrollo del bienestar ciudadano. Relación que fue continuada por los hijos de Benjamín (Arthur, Edward y Cecil), quienes realizaron obras importantes como la apertura al público del Jardín St. Sthepen, la asociación de Guinness e Iveagh Trusts para la construcción de hogares para la gente pobre de Dublín y Londres y las continuas donaciones para el Trinity College y los Hospitales de Dublín.

Más historia

En 1909 la marca llegó a los Estados Unidos, siendo ya la cerveza importada más popular en el Reino Unido y en las principales ciudades de Europa, con una tendencia en continuo crecimiento. La fábrica de St. James’s Gate continuaba siendo el corazón de la marca y los dublineses la llamaban cariñosamente ‘mother’s milk’ (leche materna).

Hoy, la sede corporativa de la compañía se encuentra en Londres y, luego de la fusión de Guinness con Grand Metropolitan, la famosa marca irlandesa pasó a manos de la corporación multinacional Diageo PLC, que posee en su porfolio a Burger King, Pillsbury y UDV (con reconocidas marcas como J&B, Bailey’s, Johnny Walker y Smirnoff, entre otras). En la actualidad, Guinness es producida bajo licencia en 50 países y está presente como marca en otros 150.

Caminemos entre bambalinas y buceemos en las entrañas del universo Guinness, esa cerveza a la que se rinde culto en la publican house más cercana, aunque nadie duda que en Irlanda sabe mucho mejor. 

Y en el cuartel general de su capital, más. Y es que, por mucho que se empeñen en desmontar este mito alegando que cada barril que se exporta sale de aquí con la misma fórmula, todo aquel que ha pisado la patria de Joyce, U2 o Barack Obama tiene clarísimo que saborearla en suelo irlandés es un ingrediente más de su valioso oro negro. Intangible pero único.

LABORATORIO CON ESPUMA

Pero si hay un lugar que puede considerarse el sanctasanctórum de este olimpo cervecero, este es, sin duda, la Open Gate Brewery, el laboratorio en el que se cocina, a base de innovación y experimentación, el futuro de Guinness. Nuevos ingredientes, diferentes temperaturas y escalas de lúpulo, reinterpretaciones de sabores clásicos… En esta microcervecería se produce a pequeña escala y si el resultado no es el esperado no es ningún cataclismo. Se beben los errores y vuelta a empezar. Entre los aciertos de este taller de pruebas están la Pure Beer, la primera cerveza sin alcohol de la marca, y la Hop House 13, una rubia muy intensa que pronto aterrizará en España.

¿Podrá alguna receta de este siglo superar la fama de la omnipresente Guinnes Draught? Eso solo el tiempo lo dirá. De momento, a los maestros cerveceros de Saint James’s Gate les queda mucho tiempo por delante para intentarlo con calma y mucho mimo, como se debe gestar una buena pinta.

Por cierto, si alguien quiere ser uno de sus felices conejillos de Indias, lo tiene fácil. Solo tiene que acercarse a su animado taproom de la calle Thomas, el bar de la Open Gate en el que se pueden catar las últimas novedades. De los depósitos de fermentación al vaso, en primicia y con el plus de poder charlar con los expertos de la casa.

EL PRIMER LIBRO DE LOS RÉCORDS

Un último apunte: a los devotos de la stout más demandada tal vez les interese visitar el archivo Guinness que custodia con celo la historia de la compañía. Más de 250 años de un legado que incluye joyas como el contrato de alquiler original firmado por Arthur Guinness en 1759 por 9.000 años, una receta de la Guinness West Indies Porter fechada en 1801 o un ejemplar de la primera edición del libro Guinness de los Records. Por no hablar de los bocetos que dieron pie a un imaginario publicitario que marcó estilo campaña tras campaña protagonizado por el célebre tucán, el cocodrilo y el resto de animales que pergeñó John Gilroy, el talento creativo al que Guinness debe buena parte de su éxito.

Durante más de tres décadas, Gilroy se encargó de proyectar la imagen de Guinness

Y hasta aquí este paseo por la cara B del parque temático más recomendable de Irlanda. Una república de buenos bebedores y grandes conversadores que no concibe un momento de disfrute sin una cerveza en la mano. Y si su alma es negra y está coronada por espuma blanca, mejor que mejor. Sláinte!

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