Sagres, donde el sol dice adiós al Viejo Continente.

Sagres, donde el sol dice adiós al Viejo Continente.

Sagres, donde el sol dice adiós al Viejo Continente. Más allá de los acantilados, sólo el sol se atrevía a viajar para ocultarse tras el horizonte; hasta que en el Siglo XIV el Príncipe Enrique lo transformó en el centro científico más avanzado del mundo: Allí se reunían para dibujar los mapas más modernos geógrafos y cartógrafos, se establecieron los astilleros donde se construía la flota de barco más moderna. Todos ellos con la misión de vencer el vértigo que producía traspasar la línea de un horizonte aún por descubrir.

Sagres

Sagres, donde el sol dice adiós al Viejo Continente es hoy un pequeño pueblo, desde el que despedir el último rayo de sol sobre el Viejo Continente. Es una población abierta al mar y a los vientos que azotan la punta de Europa. Un puñado de calles un tanto deslavazadas que acaban desembocan en enormes paredes que forman esos fabulosos acantilados, enormes farallones que resisten los embates del gran Océano Atlántico.

Es una costa salvaje, sin explotar, una zona desconocida que el viento mantiene oculta al gran público y cuenta con playas de ensueño, que nadie ha explotado aún. Una tierra de olas y vientos, que se hace paraíso para los surfistas. Un pequeño paraíso por explorar por el turista, y bien conocido por los que viajan en furgonetas y se acomodan cara al mar para captar y contemplar la luz y los paisajes de esta parte del mundo; y después… aventurarse en la fuerza arrolladora de una magnífica ola.

 

Cabo San Vicente

La mano del hombre se vislumbra en la vieja fortaleza del Siglo XV que sobre los acantilados domina todo el horizonte junto a la iglesia de Nuestra Señora Da Gracia, a la que se encomendaban los marinos antes de adentrarse en un mar trascendente y tentador. 

 

El Cabo de San Vicente, es el primer punto de tierra que divisaban los barcos cuando volvían de América, hasta que en el Siglo XIX se encendió la luz del potente faro que alumbra la costa.

Un lugar excepcional que está, por el momento, a salvo del turismo masivo.

Adiós al Viejo Continente

Cuando comienza a caer la tarde y el sol se inclina avanzando sobre la línea del horizonte, las furgonetas de surfistas y fotógrafos en busca de la mejor instantánea del sol que luce incandescente y parece incendiar las aguas del mar, pone rumbo al faro y aparcan sus vehículos en el largo camino que llega hasta la base del faro. En un espectáculo grandioso, el cielo se tiñe de color naranja, el viento arrecia para limpiar la atmósfera de cualquier vestigio denubes y así agrandar el efecto del gran disco solar poniéndose primero lentamente para desaparecer después en un instante.

La Costa de Sagres tiene playas fabulosas a las que no ha llegado el turismo masivo que todo lo borra y estropea. Sagres es el adiós al Viejo Continente, muy mado, y un arenal salvaje y solitario en donde se surfean algunas de las mejores olas de la zona. Mientras, hacia el interior se extiende un maravilloso Parque Natural de pinares y lagunas en las que anidan multitud de aves y flamencos que encuentran aquí el ecosistema perfecto para anidar.

Birdwatching

La migración postnupcial de aves es uno de los fenómenos naturales más impresionantes y majestuosos que tienen lugar cada año en Portugal. Es algo complejo pero fácil de explicar, y motivado por fuerzas ancestrales.

Las aves que crían en Europa, aprovechando nuestra primavera y la disponibilidad de alimentos que ella ofrece, se dirigen hacia el sur cuando esto escasea en sus territorios de nidificación y los días van quedando más cortos. Unas atraviesan el océano y el desierto para pasar el invierno en la África tropical (migratorios transaharianos), mientras que otras optan por el sur de Europa para pasar el invierno (invernantes). Todas estas aves tienen diferentes tiempos de pasaje. En junio y julio se pueden observar algunas especies migratorias más precoces, y durante el invierno pasan las más tardías.

En octubre, Sagres acoge el Festival de Observación de Aves, el mayor evento de birdwatching que se celebra en Portugal. Este pueblo, un lugar de gran diversidad y riqueza paisajística, es testigo en esa época del año del paso de las aves migratorias que se dirigen a las cálidas tierras de África. 

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